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Sáb. 30.05 al 31.07
de Sousa

Fru Fru de Ángeles Ascúa

de Sousa presenta Fru Fru, una exposición de Ángeles Ascúa con curaduría de Carla Barbero

El sonido suave que hacen las cosas al rozarse, la tela al moverse, el papel entre las
manos eso es frufrutar. Ese murmullo leve que podemos imaginar que Ángeles escucha
al trabajar con tizas, lápices y pinceles. Y como escribiera Sara Gallardo, cada época tiene
su color, me pregunto de qué color es este tiempo de Ángeles. Aquí, sus grandes dibujos
flotan en el espacio como secándose al sol. Las formas se vuelven movedizas y la sala
vibra pintada de mousse rosado y aceite de mostaza, según la paleta del fabricante. Entre
lo doméstico, lo plástico, lo histórico, Ángeles hace viajar el tiempo y los rituales familiares
llegan a nosotras ya no como marcas desteñidas sino como pervivencias de ese tinte
típico del mediodía.

En esta exposición, Ángeles despliega, como es habitual en su trabajo, una investigación
material, afectiva y territorial. Mamá, Lia, Betty, abuelo Ruffi, tía Coca, bisabuela Rosa,
Filomena, Elda, Celia, Mirta y podríamos seguir nombrando la gran red de afectos que sus
obras convocan. Ya es tradición en ella crear, con cada vínculo, un legado desde Rafaela,
su ciudad natal, que ella ha convertido en el epicentro de una gravedad poética que oscila
entre la melancolía gringa y una cierta aspiración épica.

El punto de partida de Fru Fru, son muchos metros de manteles que le fueron
recientemente legados por una profesora de biología, a sabiendas de que ella podría
darles ̈mejor vida ̈. Y con esto aparece una de las virtudes centrales de su obra, Ángeles
no rescata cosas, ni personas ni legados, opera más bien como una fuerza centrípeta
que metaboliza una inagotable fuente de experiencias poéticas del litoral. En este caso
las referencias van desde las labores textiles de su familia —su abuelo sastre, las mujeres
de su familia expertas en diferentes técnicas de tejido y costura, los ajuares vecinos—
hasta la poesía local de Mario Vecchioli y su poema Canto a mi madre heroica, donde el
trabajo manual y la ternura asociados a la figura materna adquieren una escala colosal. Y
también aspectos más intangibles, como la atmósfera provincial de una siesta. Es sabido
que quienes seguimos el trabajo de Ángeles conocemos Rafaela y la región aún sin haber
estado nunca allí.

Detrás del follaje de colores, la sala concentra el valor de la intimidad en una carpa.
Realizada con los manteles, pintada de azul hasta quemar el compresor, Ángeles proyecta
un otro espacio transformando los textiles en una arquitectura para la reunión y el refugio.
En ese entramado conviven biografías personales, memorias migrantes y tradiciones
populares. La carpa podría remitir tanto al juego infantil de construir sombras como a
las postas improvisadas de las fiestas populares. Desde el misterio al festival. En Fru
Fru, coser, bordar o pintar son formas concretas de pensamiento y de construcción de
hospitalidad. Archivos comunitarios donde la historia del arte y la biografía conviven como
un todo cultural. Para encontrar una forma propia, buscó referencias en otros tiempos y
latitudes. La Reina, la carpa de Violeta Parra, tal vez el proyecto más ambicioso y por ello
trágico de la cantora chilena. En 1965 la artista instaló una enorme carpa amarilla en la
ciudad de Santiago de Chile, con la idea de fundar una suerte de universidad popular
del folclore donde el pueblo pudiera aprender canto, guitarra, cerámica, alfarería. Duró
quince meses. Las deudas, el escaso público y el agotamiento la fueron cercando hasta
que en 1967 Violeta se quitó la vida. Lo que había imaginado como centro de reunión y
congregación cultural terminó siendo también su último refugio.

¿Cómo se llega desde las herencias del cuidado y los saberes domésticos hasta la
tragedia? Ahí aparece uno de los aspectos más agudos del trabajo de Ángeles. Nada en
él es completamente inocente, y eso es justamente lo que lo distingue de cierta estética
contemporánea del cuidado, cálida y afirmativa. Incluso cuando trabaja con materiales
que parecen estables las referencias que activa contienen una sombra. Vecchioli escribe
sobre su madre en clave épica, pero toda épica implica sacrificio. Violeta Parra imagina
una comunidad y muere en el intento.

Los ajuares heredados son también objetos que sobrevivieron a generaciones. Hay
pérdida dentro de cada pieza. Esos desvíos o torceduras podrían ser su método
subyacente, ese que toma formas culturalmente delicadas o menores (lo doméstico, lo
femenino, lo popular) y las recarga con una nueva densidad. En la Edad Media la ropa
de lujo era hereditaria. La nobleza de las telas custodiaba el valor de las raíces. Aquí las
superficies vibran entre la alegría y el desgaste: un vaivén, un roce grave.

Carla Barbero

de Sousa

Paraguay 675

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