Elia Gasparolo investiga el ciclo del Bombyx mori, trabajando con restos de seda y capullos como huellas de una metamorfosis consumada. El capullo roto (descartado por no producir un hilo continuo) se convierte en evidencia de transformación y en elogio de la diferencia. Su obra traslada el movimiento orgánico del gusano y la mariposa al plano textil, afirmando que aquello que se aparta de la norma puede adquirir un nuevo valor simbólico.
Joaquín González Bonorino construye tapices que combinan la rusticidad de la arpillera y la lana, con ornamentos inspirados en el Art Nouveau, creando escenas exuberantes de fauna y flora en crítica amenaza. Su trabajo funciona como homenaje, celebración y advertencia, tensionando fragilidad y resistencia, naturaleza y artificio.
Sur.Chale, por su parte, recupera sedas y textiles nobles en desuso, resignificándolos a través del bordado artesanal y el ensamblaje. El proyecto sitúa el oficio en el centro de la práctica contemporánea y propone una ética del rescate: transformar el fragmento desplazado en pieza única.
El vínculo entre las tres propuestas es profundo: la seda como materia atravesada por un ciclo natural, el bordado y el tapiz como prácticas que requieren tiempo y repetición, y el “error” como punto de partida creativo. Así como el gusano teje su capullo en un proceso de maduración, la obra artística también necesita incubarse. En esta analogía entre biología y creación, lo que parecía falla —un capullo roto, una arpillera rústica, un textil descartado— se convierte en potencia poética.
La muestra propone, entonces, pensar el arte como un tránsito: un tejido donde naturaleza y cultura se entrelazan, y donde toda transformación implica continuidad.