CABALGAR LA CRUZ
Por Vic Tolomei
La cruz no fue dada como carga
ni como signo de expiación.
Fue alzada como umbral.
Allí donde los opuestos
dejan de luchar y se entregan a la mezcla.
No se anunció la luz.
No se prometió redención.
Hubo descenso.
Descenso hacia las regiones internas
donde la oscuridad no condena,
sino que engendra.
En los lugares donde la luz no alcanza,
el agua permanece.
Y donde el agua permanece,
algo vivo se prepara.
Esta es una muestra sin moral.
No juzga.
No redime.
No separa.
Habita el espesor:
lo que crece en silencio,
lo que insiste desde lo hondo,
lo que no busca ser revelado
sino atravesado.
Cabalgar la cruz
es un gesto salvaje y lúcido.
No arrastrar los propios fantasmas,
sino nombrarlos.
No expulsar la sombra,
sino dejarla obrar.
Aquí la sombra no se opone a la luz, la contiene.
El tránsito ocurre por zonas húmedas,
fértiles, en donde el miedo pierde su forma y la oscuridad manifesta su potencia generativa.Cargar la cruz es peso.Es penitencia.
Es sacrificio.
Cabalgarla es otra liturgia..
Es montar lo que duele
sin pedir que desaparezca.
Es aceptar la descomposición
como estado fértil.
Porque en todo lo que muere
permanece un germen.
Y en todo germen,
una promesa que no necesita luz.
No hay sacrificio.
Hay descomposición.
Y en la descomposición,
todavía hay vida.