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Galería Rubbers
Liliana Golubinsky: Buscando al ciervo rojo
Buscando al ciervo rojo es una exposición individual de Liliana Golubinsky con texto de Julio Sánchez Baroni.
Si la pintura de bodegón clásica de la historia del arte disponía objetos sobre una tabla para hablar de la abundancia, de la belleza o de la muerte, ella pareciera utilizar ese género para retratar los silencios que provocan las conversaciones abiertas que abandonamos a merced del thriller psíquico que propone la hiperconectividad del hoy.
El gran formato, algo trabajado especialmente para esta muestra, resulta algo clave para leer estas imágenes. Por las fugas de su procedimiento pictórico y por la arquitectura inestable de los objetos presentados, la mirada pierde rápidamente sus puntos de apoyo habituales para dar lugar a una forma de observación más errante, más cercana al merodeo que a la contemplación. En estas obras, además de escenificar el vacío y la ausencia, Gimena dispone mesas, flores, textos de whatsapp, recipientes, anotaciones, rejas, fondos, tramas y escenas reconocibles en donde se puede vislumbrar una cartografía propia de obsesiones que acompañan su producción hace muchos años- Eso sí, no hay para ellas un orden jerárquico dado que las reúna sino la certeza de que todo vale lo mismo
En esta serie, la lógica fragmentaria de la comunicación digital convive con una temporalidad mucho más lenta, vinculada a la conversación, a la permanencia y a la sobremesa. A contrapelo de sus pinturas anteriores, en donde primaba el formato vista de teléfono, estas pinturas en cambio parecerían recuperar algo de la vieja condición de la ventana pictórica para oponerla, sin estridencias, al régimen acelerado de circulación de imágenes que domina buena parte de nuestra experiencia mundana. Una sinfonía aleatoria de objetos reconocibles de consumo popular cumple su función de uso sólo como mecanismo para ilustrar una espera y ese estado de latencia donde algo acaba o está por suceder. Por eso es que esa sensación permanente de asfixia que provocan sus pinturas es apenas un pequeño juego psicológico que llena la atmósfera de densidad y de poesía, aunque a veces inclusive se permita añadir pequeñas pero incisivas cuotas de humor, cinismo y picardía.
En Espero que sí, Gimena Macri difumina los límites entre interior y exterior y los vuelve porosos. Hay – por suerte- verdades relativas y escenografías que revalorizan el absurdo. La cocina y la ciudad, el refugio y la vereda, la intimidad y lo público parecen mezclarse bajo una misma melancolía. Pero no por la nostalgia de algo perdido ni por la representación de una ausencia evidente, sino por la percepción de que toda forma de encuentro es también una negociación permanente con la distancia, con el tiempo y, sobre todo, con la duda.
Curaduría: Joaquín Barrera
Defensa 1369
Martes a sábado. 12 - 18 hrs