EL PRIMER MITO ES EL PROPIO MUNDO*
Se dice que los mitos atraviesan verticalmente el mundo y los cuerpos, los mitos son los hilos con los que se teje la trama simbólica que nos recuerda que somos solo una pequeña parte, unida a algo mucho más grande que nos trasciende. Los mitos ayudan a experimentar una plena existencia, e impiden que nos hundamos en banales especulaciones racionales.
La literatura primero y la pintura después, nacieron a la sombra de los mitos. Y ese entramado simbólico es la materia que utiliza Marcelo Canevari para construir sus mundos de equivalencias formales, con la pasión y el amor al detalle de un naturalista y la sutileza de un pintor mitógrafo, su obra nos provoca verdaderas y gozosas epifanías, que nos ayudan a conjurar el atávico horror de vernos irremediablemente arrojados a la existencia, condenados a la búsqueda de sentido.
Todos esos pequeños personajes expuestos a la furia de los elementos, a los gigantescos caprichos tectónicos, están muy lejos de parecerse a aquellos viejos sujetos de la historia del canon de nuestro arte político; corpulentos, de puños crispados y autoconscientes de su misión. En cambio los que pinta Marcelo Canevari tienen la apariencia de modestos y atribulados juguetes del destino, que actúan su existencia como pueden en esos grandes paisajes que no terminan de entregar sus secretos.
Pero sin embargo el paisaje nos interroga oscuramente, ¿qué es la realidad?, ¿qué sucede en ese claro del bosque cuando se produce el evento que deja instaurada la violencia como la última verdad? Así nos vemos llevados a vagabundear con la mirada atenta por los senderos de la foresta, en compañía de esos personajes abandonados, encapuchados, queriendo ser otros, en medio de vistosas metamorfosis y otras alteraciones fisiológicas mostradas con el orgullo y la dulzura de un therian.
En última instancia ellos y nosotros buscamos, al igual que el Dante, ese eje vertical por el que circulan las cosas entre el cielo y el averno, con la esperanza de lograr, al menos por ahora, un cierto orden precario que justifique nuestro existir.
— Daniel Santoro. 2026
*Cita de Roberto Calasso